Desde su fundación en 1881, la destilería Bruichladdich ha vivido una trayectoria turbulenta, casi como si el destino ya estuviera trazado. Conflictos familiares, recesiones, monopolios de la industria, decepciones, guerras mundiales y pura mala suerte han marcado su historia. Es, en cierto modo, un milagro que siga en pie.
En 1994 fue comprada por Jim Beam Brands y, finalmente, cerrada, con todos los empleados despedidos, en una isla conocida por la escasez de empleo. Solo dos hombres, Budgie y John, quedaron como vigilantes nocturnos, cuidando la destilería cerrada. Esta pequeña y fascinante destilería siempre ha sido el corazón de la comunidad de Rhinns, en Islay. Hoy, Bruichladdich es el mayor empleador privado de la isla, orgullosa de generar empleo. Allan, el actual gerente, es uno de los más jóvenes de la industria del whisky escocés.